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La fe en el siglo XXI
13-03-2017

INTRODUCCIÓN

 

Comienza el Tallerista exponiendo cuatro ejemplos que ilustran la problemática de hablar hoy de la fe. Uno de ellos es el teólogo Paul Tillich, que decía que hoy la fe parece a veces más problema que saludo o salvación. Por otro lado, otro testimonio es el propio Nuevo Testamento, concretamente lo chocante que es el enfoque de Pablo cuando se le contrasta con el de Santiago. Es decir, definir la fe no es un problema nuevo, sino que ya se daba en el origen.

 

Esto nos lleva a la pregunta por la DEFINICIÓN DE LA FE: ¿Qué  es la fe? A lo que el Tallerista responde: una realidad responsorial, esto es, la única forma en la que el ser humano puede responder a Dios. Pues la revelación de Dios no es transmisión de información, sino experiencia de Dios que demanda respuesta (relación).

 

Hay también una dimensión de la fe que es el de las CREENCIAS.

 

En este punto se realiza la primera actividad en grupos: debate sobre el diálogo entre Pablo y Santiago. Entre los grupos domina la conclusión de que hay complementariedad entre ambos.

 

LA FE SOLA EN PABLO

 

La “fe sola” es una frase incompleta: sólo la fe nos dice quiénes somos, sólo la fe nos dice que el amor es más fuerte que la muerte, etc… En definitiva, sólo la FE salva: se trata de la salvación del SER HUMANO. La salvación no es definible: es holística. Incluye demasiadas cosas (salud, felicidad, redención, ….) como para reducirla a una definición precisa. Y de algún modo tiene que ver con las aspiraciones fundamentales del ser humano. Éstas podrían inducirnos a la ‘auto-salvación’, pero en realidad, y cuando se es honesto, surge también la frustración por su impotencia ante tales aspiraciones.

 

Por eso la salvación sólo puede venir de Dios mismo. De hecho, es Dios en persona. Y es el ser humano siempre el beneficiario: es el ser humano el que necesita ser propiciado, expiado, … no Dios.

 

Para Pablo, pues, sólo la FE establece una relación justa con Dios. Y Pablo entiende escatológicamente esta realidad: que el final de la historia está en la salvación de Dios que va a redimirlo todo. En Cristo la ‘Nueva Creación’ ya opera en la ‘vieja’. La Carta a los Romanos es el texto base de esta propuesta. Lamentablemente Pablo tiene que responder a lo largo de su carta a las tergiversaciones que se hacen de su visión del Evangelio y no se centra en la visión expuesta en 1,16-17. Con todo, el Tallerista nos guió por afirmaciones clave de la carta sobre esta visión escatológica de la fe.

 

LA FE SOLA EN LUTERO

 

La visión (revelación) de Pablo es la misma que tiene Lutero estudiando Romanos. Pero el ‘joven Lutero’ compartía las ideas medievales de la teología del pacto: el ser humano se humilla y Dios le ‘recompensa’ con la salvación. Un pequeño acto humano conlleva la salvación de Dios. Pero en torno a 1514 entró en crisis su comprensión de esta teología, sobre todo porque le intrigaba que el Evangelio realizara la “justicia de Dios” según Romanos. 

 

Lutero, como Pablo, plantean en realidad qué es el ser humano: ¿depende su ser y su dignidad de lo que hacen? Aristóteles tenía razón: el hombre se hace justo cumpliendo la justicia (Ética de Nicómaco). Sin embargo, este nivel antropológico –el ser o no ser– no cuelga de la ética de la propia persona. Esta dignidad le viene dada. Y es a partir de ahí que la dignidad dada interpela a la ética de la persona.

 

Segunda actividad en grupos: se proponen dos lecturas, una es una entrevista con un científico y otra es una cita de Hermann Hesse. El propósito es poner de relieve el contraste entre el nivel ético y el antropológico de la fe.

 

LA FE SOLA EN EL SIGLO XXI

 

Comenzamos la segunda parte del Taller desde una perspectiva actual. A tal fin hablará de Dios a partir de la experiencia humana de la Revelación, que define como:

manifestación en el espacio y en el tiempo de aquello que, como sentido definitivo de la vida, transciende en valor y significado todo tiempo y todo espacio. Presencia visible del Absoluto invisible.

 

Por tanto, la fe es la acogida humana de esta manifestación. El Tallerista retoma la propuesta de Tillich para abundar en esta definición. Y concluye que esta acogida tiene que ver con la preocupación última del ser humano. “Nada que no tenga para nosotros el poder de amenazar o de salvar nuestro ser, puede ser para nosotros objeto de preocupación última, objeto de fe”.

 

 

La fe, por tanto, trasciende tanto lo racional como lo irracional. Es decir, no se puede confundir la fe con las creencias, pero tampoco con el conocimiento de nuestro mundo, que es el objeto de la razón. Ni tiene que ver con los sentimientos. La fe es la respuesta de la existencia misma a una interpelación. La fe es la entrega confiada de la existencia. Pero como toda entrega confiada, es también un riesgo: subyace la duda sobre el resultado (la salvación) como elemento esencial al acto de entrega.

 

Y puesto que la fe demanda la entrega de la existencia, es imposible vivirla sino es en comunidad. Una comunidad que vive en unidad una fe que, expresada en palabras de hoy, está muy bien reflejada por el Nuevo Credo de la Iglesia Unidad de Canadá:

 

No estamos solos

             vivimos en el mundo de Dios.

Creemos en Dios:

             quien ha creado y sigue creando,

             quien vino en Jesús, la Palabra hecha carne

             para reconciliar y hacer nuevas todas las cosas,

             quien obra en nosotros y en otros por Su Espíritu.

Confiamos en Dios.

Estamos llamados/as a ser la iglesia:

             a celebrar la presencia de Dios,

             a vivir con respeto en la creación,

             a amar y servir a los demás,

             a buscar la justicia y a resistir el mal,

             a proclamar a Jesús, crucificado y resucitado,

                          nuestro juez y nuestra esperanza.

En la vida, en la muerte, en la vida después de la muerte,

             Dios está con nosotros.

             No estamos solos.

Damos gracias a Dios.