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Título: Rostro e identidad en la Bibla

Autor: Juan Calvín

 

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Así pasamos el sábado en Valencia
29-04-2013

“¿Cuál es el papel de la palabra de Dios en la vida cristiana?”. Esta pregunta ha dirigido todo nuestro trabajo en el último Taller Breve de Valencia. Desde el primer momento “entramos en materia” de manera práctica, analizando en grupo, durante unos veinte minutos, la realidad de nuestra experiencia de la palabra de Dios en nuestra vida cristiana tanto personal como comunitaria.


En un segundo momento se nos expuso la aportación que a estas cuestiones planteó la teología de Rudolf Bultmann (1884-1976), pastor luterano alemán y profesor de Nuevo Testamento en la Universidad de Marburgo. El desafío teológico-pastoral que marcó todo el trabajo de Bultmann fue el hacer comprensible y creíble (ambas cosas) al hombre y a la mujer de su tiempo el mensaje del Nuevo Testamento, al encontrar que la verdad contenida en sus libros está ligada a las imágenes “mitológicas” propias del mundo antiguo.


Para ello Bultmann propuso una hermenéutica de “desmitologización”: se trata de extraer, de las formas de hablar propias de los escritores bíblicos, el acontecimiento central del N.T., el kerigma, el anuncio de la actuación de Dios en la historia, no sólo en el pasado, sino, sobre todo, en la existencia actual de la persona que recibe ese mensaje. La finalidad del estudio bíblico es la predicación de la palabra de Dios, así encontrada, de manera que sea portadora de salvación, es decir, que ofrezca al oyente la posibilidad de decidirse por la existencia auténtica y liberadora que Dios le ofrece.


Después centramos el estudio en un ensayo de Bultmann: El concepto ‘palabra de Dios’ en el Nuevo Testamento, donde el autor se pregunta qué quiere decir el Nuevo Testamento cuando habla de “palabra de Dios”. Para responder, hace un estudio histórico de cómo se usan los términos “palabra” y “palabra de Dios” en el Antiguo Testamento, el judaísmo tardío, el mundo griego y helenista, la predicación de Jesús de Nazaret y la predicación de la Iglesia primitiva.


Sintetizando, podemos decir que, según Bultmann, tal como se expresa el Nuevo Testamento, la palabra de Dios es la palabra creadora y eficiente, con poder para dar vida y para quitarla, promesa y realidad de vida, no una doctrina o concepción del mundo sino interpelación que pide decisión al oyente. Esta palabra se manifiesta en la persona de Jesús de Nazaret, en sus palabras y sus acciones concretas. La palabra de Jesús es invitación a la conversión de cara a al Reinado de Dios que llega, de manera que lo decisivo es el “ahora”, el momento de pronunciarse la palabra, el acontecimiento de que la palabra de Dios se está pronunciando.


Del mismo modo, la palabra de Dios designa también al kerigma, el anuncio cristiano de los tiempos de Pablo y Juan, pero también de la predicación “hoy”: también el kerigma cristiano, que se expresa siempre en lenguaje humano, es palabra con fuerza, eficaz, que permanece eternamente, que ha de ser escuchada y creída. Porque la palabra de Dios no es mágica, sino que exige ser comprendida para ser creída. Una palabra que me interpela y me pone ante la decisión de llegar a ser quien Dios me llama a ser. Es palabra que me abre el camino de la vida auténtica o de la muerte en vida.


Esta palabra de Dios que es Jesucristo es la palabra de la gracia de Dios, que se expresa en la palabra de la cruz. Es palabra que se opone al orgullo humano, a la confianza en la propia sabiduría y a la búsqueda de la autojustificación. Y es krisis, “juicio”, que ha de contestarse en el momento de la proclamación, porque después puede ser demasiado tarde.


A partir del estudio de estas ideas de Bultmann, nos planteamos tres preguntas:


1.    Bultmann estudió el mensaje del evangelio desde una visión existencialista. ¿Cómo entendemos nosotros hoy el evangelio de una manera significativa?
2.    ¿Cómo podemos hablar de la cruz y la resurrección, de la gracia y del juicio de Dios, del pecado y del perdón, de manera que interpele a los hombres y mujeres de hoy?
3.    ¿Cómo podemos hacer que la predicación de la palabra de Dios sea hoy un acontecimiento de salvación?


Durante una hora y media estuvimos trabajando en el grupo a partir de estas preguntas, que no tienen una respuesta única y cerrada, sino que son una invitación a la continua reflexión, tanto en nuestras comunidades cristianas como en el diálogo ecuménico.