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Título: Rostro e identidad en la Bibla

Autor: Juan Calvín

 

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Enfermedades espirituales y terapia
25-11-2015

Más enfermos de lo que esperábamos. Así nos reconocimos en el Taller Breve del pasado 17 de octubre, Terapia de las enfermedades espirituales en los padres de la Iglesia. Gula, lujuria, amor al dinero, tristeza, acedia, cólera, temor, vanagloria y orgullo. Estas son las nueve enfermedades espirituales que los antiguos Padres reconocieron. Y no había escapatoria posible, porque en cuanto uno pensaba “la siguiente no es la mía” resultaba al final que ésa sí era la de uno… Junto con todas las demás. Así, con muy buen humor y mejor saber hacer, Fernando Rivas, doctor en Teología y especialista en Patrística, nos llevó a recorrer cada una de ellas según las diagnosticaron los autores patrísticos.

 


Lo primero de lo que nos habló Fernando fue del modelo tricotómico del ser humano, que distingue entre cuerpo, alma y espíritu. Por tanto, hay enfermedades que afectan al cuerpo, otras al alma y todavía otras al espíritu (descargaos el material abajo para ver un cuadro con todas las enfermedades). Sin embargo, todas ellas están íntimamente relacionadas, dado que la enfermedad espiritual permea a estos tres niveles. Ninguna de ellas es sencilla y afecta mucho más de lo que uno podría pensar. Así, la gula, el comer por placer, tiene el efecto de destruir el sujeto y el alimento. Para los Padres, la creación se une a Dios también mediante nuestro cuerpo, en un proceso de santificación de lo que es material, de tal forma que lo que asimilamos se presenta como agradable a Dios. Sin embargo, comer sencillamente por el propio placer destruye este proceso de santificación. La tristeza, o acedia, por su parte, que en ciertos momentos puede ser síntoma de una experiencia espiritual intensa y es necesaria para el crecimiento, puede derivar en frustración, desánimo, cansancio, pérdida de sentido o tedio, sobre todo cuando quien la sufre se queda estancado en ella. Así, aprendimos que las enfermedades espirituales no son sencillas ni penalizan un comportamiento determinado porque sea “moralmente malo” (por ejemplo, la lujuria), sino que en realidad derivan de un mal uso de cualidades que nos conectan con Dios. Por eso, las enferemedades espirituales las sufrimos todos, no sólo los "que creen mucho" o "los que creen poco". Para todos hay una... O algunas.

 


¿La terapia de estas enfermedades? Tendremos que esperar al año que viene para un próximo Taller, dado que en éste sólo nos dio tiempo a reconocerlas y diagnosticarlas. Éramos muchos, pero más enfermos de lo que pensábamos…

 

 

Para descargaros el material de este Taller, clicad aquí.

 

Si queréis saber más:

F. Rivas, Terapia de las enfermedades espirituales en los Padres de la Iglesia, San Pablo, Madrid 2008.

Isaac de Nínive, El don de la humildad, Sígueme, Salamanca 2007.