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Entre las neurociencias y la teología
30-01-2015

El pasado sábado 24 de enero tuvo lugar en Madrid el Taller Breve Neuroteología, entre el cerebro y el alma, a cargo de Montse Escribano, Profesora Asociada en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Valencia.

Comenzamos la jornada reflexionando sobre dónde reside nuestra conciencia. Tradicionalmente hemos pensado a Dios con el corazón, pero en realidad ¿con qué parte del cuerpo creemos en Dios?

La Neuroteología trata de responder a esta y otras cuestiones dirigiendo nuestro enfoque hacia el cerebro. Con el desarrollo de las neurociencias y los avances científicos en las últimas décadas, estamos en disposición de tener una idea más exacta de lo que ocurre en nuestro cerebro y para comprenderlo mejor, Montse nos invitó a bucear en la estructura morfológica del mismo.

Recordamos que las unidades básicas de nuestro tejido nervioso son las neuronas, las cuales están conectadas entre sí a través de señales eléctricas y químicas en un espacio “vacío”, sin que se produzca contacto físico entre las mismas. Estas conexiones se llaman “sinapsis” y es lo que hace de nuestro cerebro un complejísimo y a la vez fascinante órgano que nos define como seres únicos e irrepetibles. En esta forma maravillosa y sorprendente de comunicación que se lleva a cabo, sin siquiera mediar el contacto físico entre neuronas, establecimos un paralelismo con la manera como Dios se relaciona con nosotros. En un espacio de vacío, sin que podamos tocarlo o verlo físicamente, cuando nos comunicamos con Dios, sentimos que todo fluye y cambia a la vez. Ya no volvemos a ser los mismos, somos canales a través de los cuales Dios muestra su verdadero Ser en nosotros.

 

 

Pudimos además observar que las neuronas no están solas en el cerebro. Existen otras células aparentemente sin importancia llamadas “glías”, a las que tradicionalmente no se les ha atribuido ningún papel de importancia pero a las que actualmente se les asigna una función fundamental en el sostén de las neuronas, de forma que facilitan las comunicaciones entre ellas y contribuyen decididamente al buen funcionamiento del conjunto. Esta imagen nos dio pie para pensar sobre quién es el sostén de nuestras vidas. A menudo son personas aparentemente insignificantes y sin importancia que facilitan nuestras interacciones con el entorno, que hacen que todo fluya a su alrededor y que en definitiva son los pilares de nuestra existencia tanto a nivel individual como colectivo. Igual que las neuronas en un cerebro, somos seres interdependientes, necesitados los unos de los otros y alimentados por la fuente de energía y riqueza que es Dios en nosotros y a través nuestro.

Bajo esta perspectiva, se quedaron algunas preguntas en el aire que invitan a la reflexión y a seguir ahondando en el tema: ¿Qué es en realidad un ser humano? ¿Qué nos caracteriza y distingue como seres humanos? ¿Debemos repensar la idea de Dios a luz de los nuevos descubrimientos de las neurociencias y desde la libertad que nos caracteriza? ¿Qué significa ser libres? ¿Lo somos en realidad? ¿Dónde queda el alma? ¿A que nos referimos con el término alma? ¿Somos seres trascendentes?

Sin duda, mucha tela que cortar para próximos talleres…